Enamorarse de una mujer china sin libertad

Recuerdo la primera vez que descubrí el amor en ese antro chino. Circunstancias de la vida o del destino. Todo ocurrió sin que me diera cuenta de algo inevitable: enamorarme de ella.

Ella era una joven china que empezaba sus prácticas en ese mundillo. Era inocente, un niña modosita que encandilaba a cualquiera.

Joven china

He de reconocer que caí en el infierno del amor. Compraba su “amor” para sentirme amado. Pero fui un títere más de sus artimañas.

A veces cierro los ojos y la recuerdo como el primer día que la conocí. Su dulce mirada y su forma pasiva para complacerme son inborrables.

Nunca la he vuelto a ver ni lo deseo. Aún tengo clavada la herida de nuestro falso amor. Durante meses suspiraba y lloraba por estar a su lado. Cada lágrima, cada minuto, todo por ella.

Hoy vivo feliz apartado de su recuerdo. Todo quedó atrás, pero la herida perdura y a veces desearía volver atrás para haber luchado por ella.

Pero la realidad es que ella trabajaba duro por su familia. Todo cuanto ganaba lo enviaba directamente a China. Allí están sus padres, su hijo y su esposo

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