Reflexión sobre un falso amor chino

Era para entonces un joven inocente, un apasionado de las mujeres chinas que encandilaban a los hombres con sólo mirarlos.

Nunca entendí a una misteriosa mujer que me entregó todo sin prejuicios y a la que amé con locura hasta llegar al extremo de no poder vivir sin ella. Sufrí una depresión al no volver a saber de ella.

Han pasado tantos años de aquello y ahora soy feliz al lado de una maravillosa familia china. Es todo lo que soñé. Todo cuanto un hombre occidental puede llegar a desear amando a una verdadera mujer china.

Aquel falso amor que nunca comprendí, apareció hoy en mi camino. Bastó una mirada para saber que era ella, aquella mujer que jugó conmigo y que sólo le importa el dinero. Lo supe desde el principio pero el amor me cegaba. Hoy me siento feliz porque me he quitado este pensamiento de mi cabeza. Tema cerrado.

Hago esta reflexión porque me veo en la obligación de compartir mi experiencia con todos aquellos lectores que estén visitando mi blog. Entrar en territorio de las personas chinas es difícil, y si entras, es difícil mantenerlo. O te adaptas a ellos o te quedas en el camino.

Las costumbres chinas están lejos de las nuestras. No sólo lo se por lo que he leído, sino por mi propia experiencia y por la de otros conocidos que han pasado por situaciones similares.

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